KEYNES, su legado
escrito por Carlos Bondone   

 

     A favor o en contra, no es adecuado negar la influencia de Keynes en la economía de todos los días, tanto del siglo XX como la actual, sea nacional y/o internacional.
     Atento a que en este año se conmemoran 70 años de la aparición de su obra cumbre, “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero” y 60 años de su fallecimiento, es oportuno atender a las cuestiones más importantes sobre su legado.

¿ Existen diversas interpretaciones de la teoría de Keynes ?
     Es importante comenzar desechando la idea de que existen varias formas de interpretar a Keynes, o de aplicar sus teorías. Para ello nos basta con refrescar los conceptos centrales de su “teoría general”:

Desocupación por sub-consumo o sobreproducción
     El centro de su preocupación rondaba en torno a que en determinados momentos los negocios entran en un ciclo depresivo (“desocupación”) como consecuencia de saturación de la producción o insuficiencia del consumo (demanda). Aclaración científica: con la definición de bien económico (bienes escasos: cosas útiles al ser humano que están en relación de oferta inferior a su demanda) es insostenible hablar tanto de desocupación, como de subconsumo o sobreproducción, ya que los bienes, son o no son bienes económicos, caso contrario estamos en presencia de un absurdo: un bien económico que no es bien económico. No fue Keynes el que introdujo los conceptos sometidos a crítica, existieron desde mucho antes los empresarios que se sirvieron del esfuerzo popular (gobierno mediante) para salvar su incapacidad en los negocios.

Keynes era monetarista
     Se suele leer o escuchar que Keynes no era monetarista, o que no le daba importancia al dinero. Aclaración científica: esta expresión implica: desconocer totalmente la obra de Keynes y su intención última, cual era la de reemplazar la moneda cara que traía la “desocupación-pobreza popular” (había que terminar con la “vetusta reliquia” -referencia al oro-); o pretender ubicarlo como opositor a las demás escuelas económicas (monetaristas), pero todas las escuelas (en materia monetaria) tienen los mismos fundamentos teóricos que las “keynesianas” (su demostración en el libro “Teoría de la relatividad económica – Solución a las crisis monetarias – Crítica a las teorías económicas actuales: austríacos, keynesianos y cuantitativistas”).

Keynes y el equilibrio económico
     Keynes era defensor de la teoría del equilibrio, no tiene sentido dudar de ello. Aclaración científica: todo su esfuerzo intelectual fue dar racionalidad a lo que los gobiernos venían haciendo (al decir de Mises) para justificar su intervención. Muestra de ello fue todo el andamiaje desarrollado en torno a la idea de que los mercados están en equilibrio cuando S (ahorro) = I (inversión), lo cual él cree lograr introduciendo la idea de que el problema está en que el interés del dinero es caro (vetusta reliquia), pero “descubre” que se podía hacer barato mediante el sistema financiero. En síntesis, Keynes buscaba equilibrar el mundo “real” y el “monetario” (que evidentemente se le presenta como “virtual” o no económico). Es clara la inconsistencia del concepto de equilibrio en economía (que no sólo defiende Keynes sino todas las escuelas), desde el mismo momento en que estamos en presencia de un mundo económico y otro no económico que hay que equilibrar, en lugar de considerar un sólo mundo, que en sociedad es indudablemente un “mundo monetario”. Amén de decir que tampoco en esto Keynes fue original, paso a desnudar la teoría del equilibrio (cuya mayor expresión es S = I), con dos consideraciones básicas:

1) El interés es el precio del tiempo económico (que cuando se intercambia interpersonalmente configura el crédito), no del dinero. Pero como él no advirtió la Teoría de la Relatividad Económica (TRE): el tiempo económico es el único bien económico que se materializa sí o sí en otro bien económico presente, no tiene existencia propia como los demás bienes económicos, asigna el interés tanto al dinero (bien económico presente) como al crédito (intercambio interpersonal de bienes económicos presentes por bienes económicos futuros); en otras palabras, no advierte que la función de la moneda la pueden realizar tanto el dinero como el crédito, pero son entes distintos. En el capítulo XVII de la “Teoría General”, Keynes manifiesta su total confusión y desesperado intento (muy loable) por descifrar la cuestión, manifestando concretamente que no la encuentra (situación no advertida ni por sus opositores ni sus seguidores), cuando escribe que “si se pudiera encontrar un bien que llegara a satisfacer estas condiciones no hay duda que se le podría considerar como un rival del dinero. Así, pues, desde un punto de vista estrictamente lógico, no es imposible que exista una mercancía para la que el valor de la producción expresado con referencia a ella fuera más estable que si la expresamos en dinero, pero no es probable (y eso que Keynes fue un ilustrísimo de la teoría de la probabilidad) que exista esta clase de bien”, sin advertir que el ser humano ya lo estaba usando, el crédito. Creo que no advirtió la situación de que el crédito desplazaría al dinero como moneda, porque estaba vestido de “irregularidad” (defino como irregularidad del crédito –entre otras– al que no expresa, en el momento de aparición del mismo, la cualidad y cantidad de bienes económicos presentes en que será cancelado).

2) Lo que defino como ecuación de riqueza total nos lleva a expresar al ahorro como la sumatoria de todos los bienes económicos producidos por el hombre desde los comienzos de la historia, y no consumidos hasta el presente. De esta forma podemos decir que la riqueza acumulada es la sumatoria de ahorros netos (stock de bienes económicos presentes), o que los ahorros son las variaciones de riqueza (flujo de riqueza), nos lleva a la ecuación contable de que S (ahorro acumulado o riqueza) = Consumo + Inversión (capital) + Atesoramiento + Dinero + Bienes de Cambio + (Cr-Dd: neto créditos y deudas), lo que equivale a la ley de Say sobre los stocks, así como el cuadro de resultados contable equivale al aspecto flujo de la misma ley. Esta ecuación hace insostenible pensar en el “equilibrio” S=I (de donde deriva todo el andamiaje construido en torno del concepto equilibrio), ya que todos los demás componentes, excepto I, del término de la derecha de la ecuación deberían ser cero.

     Sólo falta agregar a la derecha de la ecuación expresada, que S = A (Activo) = PN (Patrimonio Neto), que no es más que la ecuación patrimonial o de balance contable. Luca Pacioli ya nos hablaba, hace 500 años, de que la contabilidad era el mejor modelo para desarrollar teoría y práctica económica, haber desobedecido de ello llevó al extravío de la ciencia económica-monetaria desarrollada en el siglo XX. Debo concluir este apartado diciendo que la economía no debe olvidar el axioma o término primitivo de la propiedad: no existe bien económico sin propietario ni propietario sin bien económico, origen de la partida doble que bien dominamos los contadores (el lector encontrará mayor profundidad del tema en la obra citada).

Keynes y el tipo de cambio
     Se suele dar tilde de “modelo keynesiano” a una economía que tiene tipo de cambio alto (dólar caro). Aclaración científica: si bien observará el lector que soy crítico de las teorías keynesianas (lo soy de toda la teoría monetaria desarrollada hasta ahora, de los “no keynesianos” también, ya que todas se nutren de la misma cantera, en términos monetarios, a pesar de manifestarse como pertenecientes a “distintas escuelas”), no creo conveniente asignarle a Keynes la idea de un tipo de cambio alto. Basta reiterar que el origen de su teoría es evitar el dinero caro (“vetusta reliquia”), causante de la desocupación y/o pobreza de los pueblos.

Keynes no vino a salvar al capitalismo
     Otra de las expresiones que escuchamos a menudo es que Keynes salvó al capitalismo del totalitarismo. Aclaración científica: su error de defender sistemas monetarios irregulares como los actualmente vigentes, son el verdadero caldo de cultivo de las desigualdades mundiales (y nacionales) de la distribución de la riqueza. Lo que se da en llamar política monetaria, no es más que apropiación indebida del tiempo económico (esfuerzo) ajeno, principalmente de los menos conocedores de los menesteres económicos. Creo que mejor que llamar inflación a las consecuencias de los sistemas financieros vigentes (nacional e internacional), sería tildarlos de apropiación especulativa-financiera del esfuerzo que significa producir bienes económicos presentes. La TRE nos indica con claridad que en sistemas financieros irregulares se convalidan: el sentir general de que la especulación es en desmedro de la producción; que no hay equidad en la distribución de la riqueza; que es imposible la independencia del banco central (y la banca en general) del poder político; etc. En síntesis, Keynes atacó todo sistema que propugne la distribución equitativa de la riqueza fundamentadas en la libertad, la solidaridad, las diferencias individuales, la igualdad ante la ley, la ética, la propiedad privada, etc.; es decir, los valores de occidente. Así, si se le llama capitalismo a la civilización occidental, es evidente que Keynes le hizo muy flaco favor.
     Como cierre de este apartado creo adecuado citar la nota introductoria del capítulo IX de “Teoría de la Relatividad Económica” que reza así: “Los créditos irregulares son una herramienta totalitaria infiltrada en la democracia”.

Estructuras y modelos keynesianos
     Es evidente que si se caen los términos primitivos científicos subyacentes en Keynes, todos los “modelos” derivados de aquéllos también se caen: curvas IS/LM, curvas de demanda y oferta agregada, curva de 45° de Samuelson, curvas de Phillips, así como conceptos tales como interés real versus monetario, mercados financieros versus reales, dicotomía de los precios de Patinkin, ley de Gresham (como exclusiva de la moneda), mecanismo de transmisión indirecto (moneda, precios e interés), teoría cuantitativa, etc., es decir, todo el andamiaje teórico-práctico macroeconómico desarrollado en el siglo XX. 

Así las cosas, vale decir de Keynes que:

No fue original.
Fue un científico (contra lo que se piensa cuando se dice que todo lo suyo estuvo basado en su carisma “marketinero”), para muestra de ello basta con leer en profundidad el esfuerzo intelectual que desplegó en el capítulo XVII de su “Teoría General” (que en lugar de ser “muy abstracto” y de “lectura innecesaria” como lo tildaron muchos de sus propios discípulos, es la manifestación clara de su intelecto, y lo dejó muy cerca de descubrir lo que llamo Teoría de la Relatividad Económica, y así despejar completamente la teoría de la moneda de todo el entramado teórico en la que estuvo siempre envuelta).
No es adecuado pensar en “varios Keynes” , sino en uno sólo que vio en la “escasez asfixiante” de dinero la causa central de los males económicos (caída de los negocios), abriendo la puerta a la connivencia política-empresaria que se apropia de la riqueza ajena (avalada por la ciencia vigente), principalmente del trabajo (el elemento más indefenso en los menesteres económicos).
• Intentó arrimar teorías para “salvar” a la humanidad del “Apocalipsis” maltusiano-monetario.
• En el libro TRE (pág. 362) expreso: “1) Keynes el genial es el que manifiesta, de alguna forma, el problema en el que se encuentra la teoría macroeconómica: ¿cómo se compatibiliza el axioma S = I “necesario” con la tasa de interés que surge del mercado? Esta pregumta pone en evidencia una incongruencia fatal … que podemos llamar “la solución del equilibrio” y 2) Keynes el extraviado es el que busca solución a un problema que no existe …”. En otras palabras, es destacable el diagnóstico que hizo de la teoría macroeconómica y monetaria, pero no supo resolverla, como le aconteció al resto del arco teórico.

     Por último, deseo expresar muy concretamente que, si bien Keynes no logró una teoría monetaria satisfactoria (centro de todo su esfuerzo), que él mismo reconociera, no fue el único atrapado en esa situación, sino que “sus rivales” tampoco lo lograron (estado que reconoció su principal “opositor”, Friederich von Hayek).
     En síntesis, todo el sistema financiero actual (nacional e internacional), se basa en los fundamentos de la teoría monetaria vigente nutrida por keynesianos, austríacos (los discípulos de Menger, no éste) y cuantitativistas, las diferencias (en materia monetaria) no son sustanciales, ya que todas participan de lo que doy en llamar reduccionismo monetario (centrar la economía en el estudio de la moneda) y virtualismo (moneda virtual).

 

Buenos Aires, Setiembre de 2006.

carlosbondone@gmail.com

 
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